GRATUIDAD E INGRESO IRRESTRICTO

Para aquellos que como yo piensan que la educación universitaria es un derecho humano la gratuidad es un principio irrenunciable. Desde noviembre de 1949 se estableció la gratuidad universitaria en la Argentina a través de un decreto Presidencial (presidente Juan Domingo Perón), que suprimió el cobro de aranceles en las instituciones de educación superior.

Desde aquel momento el estudio universitario se convirtió en la más efectiva palanca para la movilidad social ascendente, o sea, que jóvenes provenientes de familias humildes, con trabajos e ingresos precarios, con escasa instrucción alcanzan un título universitario y su vida cambia para mejor. Para mucho mejor.

Es cierto que la enorme mayoría en población universitaria argentina pertenece a la clase media y que la clase humilde está muy escasamente representada. Pero no cabe duda de que de no existir la gratuidad las familias pobres quedarían excluidas. La cuota mensual promedio de una universidad privada ronda los 400 dólares.

Gratuidad no significa gratis. El estudio universitario es costoso. El tiempo que requiere el estudio es muchas veces incompatible con el trabajo remunerado que las familias necesitan para subsistir. A eso hay que sumarle el transporte, la comida, los apuntes, los libros, los accesorios para el estudio, etcétera. La gratuidad debe ser acompañada por políticas de becas y muchas instituciones universitarias las practican, aunque siempre de modo insuficiente.

Otra forma de exclusión pasa por las restricciones al ingreso. Los exámenes de ingreso y los cupos siempre dejan afuera a los aspirantes que provienen de familias humildes. Ya sea por una educación secundaria deficiente o poco exigente que privilegió la inclusión y la permanencia a la excelencia académica, o por familias que naturalmente fueron menos estimulantes hacia los conocimientos, los aspirantes en cuyas familias no hay profesionales universitarios o terciarios casi siempre deberán competir en inferioridad de condiciones frente a los aspirantes provenientes de familias acomodadas.

Por ello, varias universidades – la UBA entre ellas–  adoptaron el ingreso irrestricto (todo aspirante entra) e intentan compensar las desigualdades y deficiencias formativas necesarias para la vida universitaria con cursos de ingreso, cursos niveladores, etcétera. El Ciclo Básico Común, en el cual ejerzo mi profesión, es un ejemplo de ello.

Todas estas cuestiones son políticas, y no necesariamente partidarias. Y las acciones que surgen a partir de estas problemáticas también son parte de la política. Vos no solo podés, tenés que participar, tenés que generar tus ideas propias e intercambiarlas con tus compañeros. Si te pensás apolítico, desinteresado de la política, prescindente… eso también es una actitud política. No lo olvides.

 


 
 
 
 
 
 
 
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