Las lecciones del Maestro Ciruela
Tecnociencia

La palabra tecnociencia se puso de moda en el magisterio hace unos 20 años. La inventaron los tecnócratas de la educación que son incapaces de distinguir entre la ciencia y la tecnología. Si bien ambas se hallan indisolublemente relacionadas son dos cosas totalmente diferentes.

Hay una razón profunda, ideológica: la corriente relativista cultural pretende hacernos creer que la ciencia es un relato más del universo, equivalente a una religión, un mito o cosa parecida. Fue apoyada -entre otros pensadores- por Thomas Kuhn, que preconizó las revoluciones científicas en las que todo lo aprendido ha de tirarse a la basura y empezar la ciencia nuevamente desde cero.

La pregunta clave para distinguir a estos pensadores es: ¿la ciencia inventa o descubre? Quien responde “inventa” es un relativista sin remedio. La ciencia descubre las leyes del universo. La ciencia descubre al universo que existe allá afuera de nosotros, ajeno a nuestras aspiraciones y deseos, independiente de nuestros gustos y disgustos. Hay una realidad ahí afuera y los científicos, con mucha paciencia, van descubriendo sus secretos. Si la ciencia inventara, entonces los relativistas tendrían razón. Pero no la tienen.

La tecnología, en cambio, sí inventa. Se propone (a veces ni siquiera eso: se le ocurre) una aplicación, una utilidad, un propósito, e inventa un artefacto… que, dicho sea de paso, no funcionaría si lo que descubrió el científico no fuese verdadero.

No cabe duda de que para ser científico hay que ser creativo, y para ser tecnólogo hay que conocer la ciencia… pero esa relación no altera los significados. La palabra tecnociencia la usan quienes ignoran la diferencia entre la búsqueda de la verdad y la búsqueda de la utilidad. Y su uso en las clases de ciencias confunde a los estudiantes, los envenena.


Algunos derechos reservados. Se permite su reproducción citando la fuente. Última actualización ene-12. Buenos Aires, Argentina.