Las enseñanzas del Maestro Ciruela
Sopa de fórmulas

Muchos de mis colegas que enseñan Física abarrotan a sus estudiantes de fórmulas de cálculo para cualquier cosa. Por ejemplo: la fórmula de la altura máxima de un cuerpo arrojado hacia arriba; la fórmula de la aceleración dados un par de velocidades y el desplazamiento entre ambas; fórmula para la aceleración de una máquina de Atwood; fórmula para el alcance de un tiro oblicuo; fórmula para hallar la gravedad de un planeta conociendo su masa y su radio; y así hasta el infinito, chorreadas de fórmulas para calcular lo que a uno se le ocurra.

Los estudiantes de estos docentes formulistas aprenden a resolver ejercicios de una manera fatídicamente extendida que yo llamo sopa de fórmulas. Consiste básicamente en ir a los exámenes con machetes que contienen entre 30 y 100 fórmulas para lo que venga. El método se desarrolla de esta manera: leen el enunciado y subrayan datos e incógnitas. Luego revisan la lista de fórmulas y se fijan cuál coincide en número con los datos e incógnitas que subrayaron. Entonces meten esos valores en la fórmula mágica rezando acertar en las posiciones correctas para cada dato. Procesan, le dan una vuelta a la manija para que la fórmula escupa un resultado y se encomiendan a Dios. Con suerte aprueban, con seguridad no aprenden nada de Física, lo malo es que no se dan cuenta de eso.

Los jóvenes deben aprender Física, no Ingeniería... deben comprender el mecanismo de la ciencia para entender, describir y predecir fenómenos físicos. Las verdaderas y únicas herramientas que ellos deben incorporar son las funciones reales, que describen -tal como su nombre lo indica- fenómenos reales. Si incorporan esas herramientas (en el caso de la cinemática: las ecuaciones horarias o ecuaciones de movimiento) se estarán llevando de su clase de física un producto de exportación, porque sea cual sea la carrera que el estudiante elija para su futuro, o el lugar en el que el destino lo ubique, la idea de función real podrá acomodarse a sus nuevos intereses.

De paso, mi amigo, a ver si de una buena vez por todas se alía con el profesor de matemática, que se esfuerza diariamente con este asunto de las funciones reales, y a los chicos les da la sensación de que les estuvieran hablando de ángeles.

 
 
 
 
 

En sintonía con esta lección, no me canso de insistirle a mis colegas que hagan esfuerzos por enseñar Cinemática no como un fin en sí mismo, sino como una excusa (muy buena, por cierto) para enseñar las funciones reales.

O sea: cómo una, o a lo sumo un conjunto muy reducido de funciones reales logran describir tan acabadamente y con un poder predictivo tan grande un fenómeno tan intrincado como lo es el movimiento.

 
Algunos derechos reservados. Se permite su reproducción citando la fuente. Última actualización nov-10. Buenos Aires, Argentina.