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Las enseñanzas del Maestro Ciruela
Desdichado abandono
Hace poco llegó a mis manos un cuaderno de clase de una niña de sexto grado (séptimo actual) de una escuela primaria pública argentina. La niña era Dora Isabel López, la escuela era la "Manuel Dorrego" (EN 6 DE 10, según la nomenclatura actual) y corría el año 1941, o sea, hace 85 años.
La lectura del cuaderno es apasionante y por momentos alucinante. Dora escribe con letra redonda y legible, con muy pocos errores de ortografía y una gramática sencilla y clara. Las correcciones de su maestra, en rojo, son escasas, pero exhaustivas.
Pero lo que me vuela la cabeza es la extensión, profundidad y nivel de los contenidos académicos. Por ejemplo, encontré un ejercicio de cinemática casi idéntico a los que les planteamos a mis estudiantes universitarios (CBC) de 19 y 20 años y que sólo resuelve correctamente un 20 %. Lo transcribo: Dos automóviles salen del mismo punto y en la misma dirección, pero con diferencia de 4 horas, el primero desarrolla una velocidad de 45 km por hora y el segundo 65 km por hora. ¿Cuánto tardará éste en alcanzar al primero y a qué distancia del punto de partida?
Dora, con sus 12 años, lo resuelve correctamente sin hacer uso de herramientas cinemáticas, pero con impecable y sencilla lógica: ¡la regla de tres simple!
Con el mismo nivel de complejidad se desarrollan asuntos de matemática, geometría, geografía, historia, lengua, biología, etcétera. Y no falta la poesía y el espacio de creatividad.
Las emociones que me dispara la lectura del cuaderno de Dora son variadas. La primera es la admiración y el deslumbramiento por aquella escuela. Lo segundo es un asombro descomunal ante la pobreza intelectual de la educación primaria en la Argentina de hoy.
¿Qué es lo que ha ocurrido en estos 85 años para que la educación argentina se haya ido a pique de este modo tan vergonzoso? ¿Es que los niños argentinos de hace un siglo eran más inteligentes que los de ahora? ¿Es que hace 100 años los niños no tenían tantos problemas familiares como tienen ahora, con los padres separados y el tío alcohólico?
Ni lo sueñe. No se trata de eso. Para nada. La debacle fue gradual y se hizo de la mano de los genios de las ciencias de la educación y de gobiernos, algunos bien intencionados pero con ideas poco acertadas, y otros con ideas colonialistas y destructivas de la educación.
El punto es que la educación argentina abandonó sus objetivos académicos. Así de simple. Los reemplazó por otros objetivos sociales, a saber: lograr por cualquier medio que los jóvenes estén en la escuela en lugar de la calle, convertirse en un lugar de contención, nutrición, reparo, protección. Se trata de un error de concepto trágico, devastador. Convirtieron las escuelas en guarderías y a las maestras, en cuidadoras. La escuela argentina abandonó su razón de ser.
Los pueblos civilizados disponen de otros medios para lograr la inclusión social. No rifan la escuela. Haber demolido la educación fue un suicidio colectivo. Me apena, me avergüenza, me enoja.
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