Material de apoyo a las
Clases de Educación Sexual

Topless

En enero de 2017 tres mujeres fueron obligadas a retirarse de una playa argentina y amenazadas con ser detenidas por hacer topless, o sea, tomar sol con las tetas al aire. A partir de la difusión del episodio muchas mujeres se solidarizaron con las damnificadas y organizaron tetazos en defensa de el derecho de las mujeres a hacer topless cuando les plazca.

En un inusual fallo (la justicia argentina es escalofriantemente retrógada) el juez al que le tocó entender en el incidente fue categórico: que el hecho que una mujer descubra sus pechos no representa un acto objetivamente lesivo para terceros y, por ende, se encuentra exento de la autoridad de los magistrados, o sea, no constituye contravención ni menos que menos delito. Se trata, simplemente, de un derecho de las mujeres.

Pero muchos defensores de esta libertad incurren en una falacia que lejos de beneficiarla la entorpecen. Son los que alegan que las tetas son los órganos del amamantamiento y que por ende deben aceptarse su presencia con la misma naturalidad que su inmaculada función maternal. O peor aún, los que afirman su equivalencia a los pechos y pezones masculinos, y que si los hombres pueden mostrar sus pectorales sin reparos no hay entonces motivo para cuestionar las tetas.

La falsedad de las dos posturas es patente. El tamaño y la forma de las tetas nada tienen que ver con la función glandular. Hasta la teta más flaquita e insignificante puede ser tan nutritiva como la más exuberante. Por otro lado no hay tal equivalencia con el pecho masculino: si una mujer tocara sin permiso el pecho de un hombre no pasaría nada, lo recíproco es un acto de abuso sexual sin atenuantes.

La verdad es que el pecho femenino constituye un interruptor sexual (ese es el término técnico que le damos en biología), o sea un elemento que despierta automáticamente el deseo en los hombres. Se trata de una señal poderosa que dispara el interés sexual con un especial interés sobre los pezones y sobre el tacto. Quien intente negar esta realidad es, como mínimo, un ingenuo.

Claro, es mucho más fácil abogar por la libertad de las mujeres y sus derechos negando u ocultando la naturaleza sexual de las tetas. Es más difícil -pero más responsable- abogar por ese derecho manifestando su genitaidad. Y la negación, además de ser deshonesta, puede ser contrapoducente.

Los docentes no debemos mirar para otro lado: los derechos de las mujeres y el respeto de las libertades son tópicos imperiosos de la educación sexual.

Algunos derechos reservados. Se permite su reproducción citando la fuente. Última actualización feb-17. Buenos Aires, Argentina.