Tonterías
La yegua lo mató

Trato de no discriminar... pero una tontería como ésta superó todos mis límites y tuve que borrar varios amigos que tenía en Facebook.

Resulta que un fiscal de la Argentina, Natalio Nisman, presentó una denuncia desopilante contra la presidente de la república, Cristina Fernández de Kirchner (la yegua), y a los pocos días (en enero de 2015) apareció muerto en el baño de su casa. Casi todos los medios periodísticos opositores al gobierno fogonearon la idea de que la presidente lo había mandado matar, y un enorme conjunto de ciudadanos compraron la idea maquiavélica. Además de culpar a la yegua intentaron construir para el fiscal la imagen de un prohombre, un mártir, y del supuesto asesinato un magnicidio. A los ocho meses el partido político de la presidente perdió la elección a manos de un partido político neoliberal, de derecha y fuertemente vinculado a los grupos periodísticos antes mencionados.

La investigación de la muerte sacó a la luz la verdadera personalidad del muerto: como fiscal un inútil, como persona un corrupto, amigo de los viajes de placer y de la noche, rodeado de jovencitas a las que le pagaba los viajes en primera clase a playas lujosas de cualquier parte del mundo con dineros del Estado, permeable a las ingerencias de poderosas naciones extranjeras en su trabajo, propietario de muchos bienes que nunca declaró y le ocultó al fisco. En fin, todo esto no vendría a cuento si no fuese porque el intento de crearle una imagen falsa fue parte de la trampa en la que cayeron tantos incautos de mi patria.

Si el fiscal fue asesinado en lo primero que hay que pensar es en quién se beneficia con la muerte. Es el ABC de cualquier detective, hasta del más tonto. El mayor y clarísimo beneficiario fue el arco opositor del Gobierno, visto tanto en el momento de los hechos como en sus consecuencias posteriores. Por otro lado el oficialismo no ganaba nada, absolutamente nada. Primero porque la muerte del fiscal no tapaba ni extinguía su denuncia que ya había sido presentada. Segundo porque la denuncia era tan ridícula que se perdían la oportunidad de desacreditar al denunciante y hacerlo soportar el escarnio público, a él y a todos los que se montaban en la denuncia para hostigar a la presidente.

Post morten, la Justicia no tardó en desestimar la denuncia resolviendo que que nada de lo sostenido por el fiscal podía acreditarse, y que aún si se acreditara no habría delito alguno.

Los hechos. El fiscal aparece muerto en su baño con un tiro en la sien. El arma se la provee un amigo, a quien se la había pedido después de que otros allegados se lo hubieran negado. El cuerpo cae dentro del baño trabando la puerta de entrada. En la escena no aparece ni una sola huella, ni un solo rastro, que permita sospechar la presencia de otra persona. Al día siguiente el fiscal estaba citado a declarar en el Congreso Nacional para explicar su denuncia. Nisman había intentado que su declaración ocurriese en secreto, pero el oficialismo insistió en que fuese pública y televisada (evidentemente tenían plena confianza en que la denuncia era un invento descabellado).

Existen decenas de indicios más -que no viene al caso mencionar- que llevan a pensar que el fiscal presentó su denuncia sabiendo que era inconsistente y esperando que sus jefes (jefes entre las sombras) le proporcionaran alguna prueba con la cual sostenerla. Pero aguardó en vano.

Me duele tanto que tengamos un pueblo tan tonto... pero el daño ya fue hecho. Para la próxima pido: cuando haya una sospecha de que alguien fue asesinado lo primero que hay que preguntarse es quién sale beneficiado y quién perjudicado. Y cuando tiene cuatro patas, mueve la cola y ladra... lo más probable es que sea un perro. La mayoría de las veces un suicidio es un suicidio.


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